Alejandro Borensztein
13/07/14
Ok, no la voy a caretear más: soy futbolero y,
si bien prefiero el olor a meo de nuestras canchas pasionales a los
pulcros estadios educaditos de los Mundiales, debo reconocer que hace 10
días que no pienso en otra cosa que no sea la Selección. Me importa un
corno Ciccone, la inflación, el autoritarismo, la impericia del
gobierno, etc. etc. Eso no quita que uno no siga mirando todo de reojo.
Por
suerte ya se diluyó, pero durante los meses previos al Mundial hubo una
idea bastante extendida de que un triunfo de la Selección ayudaría al
Gobierno y que una derrota lo complicará aún más. El “aún más” es un
bocadillo medio guacho, pero cierto.
Afortunadamente, la realidad
demostró que esta ecuación no era correcta. La euforia que ojalá vivamos
hoy, nos pertenece a todos. Y si la cosa no se da, la mufa y el orgullo
también será de todos. El Gobierno, en esta y por suerte, no tiene nada
que ver.
Hubo sí, desde la Casa Rosada, un torpe intento por
chorearse a la Selección. Una idea del tipo “Sabella y sus muchachos son
nuestros, mientras que los alemanes, brasileños y holandeses son de los
cipayos opositores que los alientan en los ratos libres, entre que
apoyan a los fondos buitre, miran TN y tratan de llevarse el agua de la Patagonia a Oklahoma”. Pero no les funcionó.
Nos
abrumaron con los avisos de Presidencia que mezclaban los goles
argentinos con los logros del Gobierno. Un gol de Messi fundía a la
imagen de Kirchner bajando el cuadro y un pase de Mascherano se fundía
con un plan de viviendas en la Puna. Pero nada. Ni bola. La gente quiere
que gane la Selección y le importa tres carajos lo que haga el Gobierno
al respecto. Es más, le hincha bastante las pelotas.
En la
desesperación, la falange de propaganda oficial se la pasó mostrando
cómo los cipayos habían criticado al equipo, al técnico y a algunos
jugadores antes del Mundial y ahora, frente a los éxitos, los elogiaban.
Como si esto no hubiera ocurrido, así o al revés, con todas las
selecciones argentinas y en todos los Mundiales. Recordemos los carteles
de “perdón Bilardo” en el ’86 o los injustos insultos a Verón en 2002.
Esto es fútbol y en el fútbol las cosas siempre han sido así.
“Chiquito”
Romero no le inspiraba seguridad a nadie hasta que el tipo nos tapó la
boca a todos con los penales del miércoles. Los hinchas de River se
cansaron de putearlo a Batistuta cuando jugaba para ellos (antes de que
Batistuta sea Batistuta) y los de Boca lo puteamos a Gago desde que
debutó en primera hasta que nos demostró que era un fenómeno. Así es el
fútbol, así es el hincha. Por supuesto, alimentados por la derecha, los
medios concentrados, las corporaciones y obviamente, por Majul.
Como
tantas veces, fueron muchos los que al principio no creyeron en este
equipo y ahora están fascinados. Nada que ver con la coherencia del
Gobierno Nacional y toda su falange de propaganda que, por ejemplo,
creyó en el papa Francisco desde el primer minuto y siempre lo
elogiaron.
Sin embargo, quedó cierto miedo entre el gorilaje en el
sentido de que el Gobierno pudiera manotear la Copa, si es que hoy la
ganamos, y que los goles que hace Messi van a tapar los goles que hace
Boudou (en contra, pero los hace).
Duerma tranquilo amigo gorila.
No hay ninguna chance de tapar nada. Aun si hoy le ganáramos a los
alemanes, en el mismísimo Maracaná, delante de todo el pueblo brasileño,
incluyendo Dilma, Xuxa, Pelé y el pibe, por 7 a 1, igual el Vice va a
estar kaput, forfait, fané y descangayado. Lo escribo así porque leído
en lunfa suena un poco más suave que leído directamente del expediente
de Lijo.
Boudou selló su faena con el histórico discurso del 9 de
Julio en Tucumán. El remate de “¡Gracias Néstor, Gracias Cristina!” será
inolvidable. Si el juez Lijo toma esto al pie de la letra, a más tardar
el miércoles o jueves van todos en cana. En el contexto de la causa
Ciccone, un “Gracias Núñez Carmona” vaya y pase, pero un “Gracias
Néstor” ya es el acabose.
Para colmo, recordó la posición
antiimperialista del peronismo del 45 mientras la televisión mostraba
las caras de los distintos funcionarios y dirigentes peronistas,
incluida la de un Kunkel azorado. Amado Boudou, un canchero de la UCeDe
le explicaba a Carlos Kunkel, un peronista de siempre, lo bueno que
había sido Perón. No hay idea de humor político que pueda superar esta
escena.
Ese mismo día, Boudou firmó el acta de visitantes ilustres
en la Casa de Tucumán, donde en 1816 se proclamó la Independencia,
flanqueado a su izquierda por Zamora, el dueño de Santiago del Estero, y
a su derecha por Alperovich, el dueño de Tucumán. Si esta es la
representación política del Gobierno nacional y popular, estamos en un
problemón muchachos. Faltaba el Gordo Valor, que no pudo ir porque justo
cayó en cana la semana pasada.
Amigo cipayo. Si usted cree que
debe reprimir su pasión nacional y perderse de festejar los triunfos
argentinos para no hacerle el caldo gordo al Gobierno, se equivoca de
palo a palo. La sopa kirchnerista ya no tiene gusto a nada. Ahora, lo
único que les queda es salir a buscar un mango para levantar el muerto.
Este
finde vino Putin y en la semana llega el presidente chino Xi Jinping.
Apuesto lo que quiera que al toque aparecerá un clásico del
kirchnerismo: las famosas inversiones chinas, que ya están por llegar.
Dicen
que en la Casa Rosada hay una oficina chiquitita con un cartelito en
la puerta que dice Subsecretaría de “Ahí vienen los chinos”. Adentro hay
sólo un funcionario cuyo laburo es levantar el teléfono y decirle a
Zannini: “Hola Carlos, estamos en julio, recuérdele a la Presidenta que
ya es tiempo de volver a anunciar las grandes inversiones chinas”. Nos
tienen con ese cuento hace una década.
Relájese amigo gorila.
Goce, sufra, salga y festeje. Hoy somos todos iguales. Usted y el Cuervo
Larroque, su cuñado y Timerman, su vecino y Moreno. Todos bajo la misma
bandera.
El lunes seguiremos emocionados, el martes y miércoles
posiblemente también. Y el jueves o viernes empieza de nuevo el
quilombo. Boudou volverá a Núñez Carmona, Báez a sus valijas, D’Elía al
antisemitismo y así cada uno a lo suyo.
Mientras tanto. Vamos
Selección. Vamos Messi. El que no salta es un alemán. Schweinsteiger
decime qué se siente. Y cuando el arquero Neuer vaya a patear el saque
de meta, como hacemos siempre, como en cada partido de cada domingo,
como en cada cancha del país y desde cada rincón de la Argentina,
gritaremos todos juntos: ¡¡Puuuutoooo!!
Se fue el General y soltaron los lobos
06/07/2014
Mi recuerdo sobre la muerte de Perón arranca al
mediodía. El timbre de salida del Colegio Carlos Pellegrini tocaba
12.05, o sea que serían las 13 hs cuando yo estaba arriba del 102, por
la calle Paraná rumbo a mi casa. Esa horita que había en el medio, la
pasábamos fumando y tomando un cafecito en el bar de la esquina, que era
lo que solíamos hacer todos los líderes revolucionarios con 15 años
cumplidos.
Llegué tipo 13.30 y encontré a mi viejo frente al
televisor. Los tiempos calzan perfecto porque a las 14.00 horas
Isabelita anunciaba por cadena nacional la muerte de Perón. Puchereaba. A
su lado estaba López Rega y detrás, el resto del gabinete. Una síntesis
del porvenir.
Creo que fue ese mismo día, o al día siguiente, que
nos juntamos en la puerta del Pellegrini para marchar hacia el velorio,
en el Congreso. Yo nunca fui peronista, pero no me quería perder el
momento histórico. La vida era pura política. Había iniciado la
secundaria con Levingston/Lanusse. Por entonces, el rector te esperaba
en la puerta del colegio y te revisaba la nuca para ver si la distancia
entre el pelo y el cuello de la camisa era la apropiada. Si no, te
mandaba a la peluquería. No voy a dar el nombre para no avergonzar a sus
descendientes. De ahí, pasamos directamente al Tío Cámpora, con la JP
al frente del rectorado. Un flash.
La política fue el eje de
nuestra adolescencia. Casi tanto como las minas. De hecho, si no leías a
Cortázar, Benedetti o Galeano, no te levantabas ninguna. Todos teníamos
brazos finitos y hombros angostos. No había ni gimnasios, ni deportes,
ni nada. Pectorales y bíceps ya habían sido desterrados en el Mayo
francés. El único de la división con aspecto atlético, traía un bolso
con raquetas cuando todavía nadie jugaba al tenis. Un exótico fuera de
época. Podría haber ganado Wimbledon y aun así, las minas no le hubieran
dado ni cinco de pelota. Pensábamos que los piolas éramos nosotros. Hoy
ese muchacho debe ser el único de la camada que no está tomando la
pastilla para el colesterol.
La cuestión es que la columna de
estudiantes marchó hacia el Congreso por la calle Paraguay hasta Paseo
Colón para luego incorporarse a una cola interminable que seguía hasta
la Plaza de Mayo, subía por Avenida de Mayo y terminaba en la capilla
ardiente.
Llovía y hacía un frío de la hostia. Por suerte la cola
avanzaba rápido: desde la puerta del Pellegrini a la puerta del Congreso
le pusimos… dos días!!!
Por el frío, el hambre y otras
calamidades, la columna del colegio se fue diezmando y cuando llegamos a
Plaza del Congreso, habían desertado hasta los peronistas. Sólo
quedábamos cuatro: mi amigo Claudio, yo, y dos chicas con las cuales
caminábamos abrazados, no por calentura adolescente, sino porque
estábamos helados y mojados hasta los huesos. Nos tapábamos con diarios
que íbamos comprando por el camino.
El diario Noticias de Bonasso, Walsh, Gelman y Verbitsky y que rápidamente Isabel y López Rega clausuraron. El diario Crónica de García que también lo cerraron al toque, y el diario La Opinión de Timerman (el padre de su eminencia reverendísima) que también sería clausurado.
A
la altura de Paraná y Rivadavia vi pasar el 102 y pensé: “¿Qué hago yo
acá, cagándome de frío de esta manera, desde hace dos días, si ni
siquiera soy peronista?” Calculando que todavía nos faltaban unas 6
horas más de cola, decidimos abandonar.
Los cuatro nos
juramentamos que nunca confesaríamos aquella claudicación. Cuarenta años
después, he decidido romper el juramento. Ya era hora. Tampoco fue una
mentira tan grave. Al lado de lo de Boudou, es una pelotudez.
Lo
curioso es que todo esto sucedió mientras se jugaba el Mundial de
Alemania 74. Aquella Argentina de Perfumo, Brindisi, Quique Wolf,
Yazalde y el ratón Ayala entre otros, arrancó perdiendo contra Polonia,
empató con Italia y, después de golear a Haití, pasó milagrosamente a la
segunda fase que se jugaba por grupos. Allí nos golearon los holandeses
4 a 0, nos ganó Brasil 2 a 1 (el nuestro fue un golazo de Brindisi de
tiro libre) y terminamos jugando el famoso partido fantasma contra
Alemania Oriental. Digo fantasma, no sólo porque el duelo nacional
impidió la transmisión y jamás se vio ni el partido ni los goles ni
nada, sino porque encima jugamos contra un país que ya no existe más.
En
aquel Mundial los alemanes jugaban con dos equipos: Alemania Occidental
(capitalista) y Alemania Oriental (comunista), que en realidad se
llamaba Alemania Democrática (rara manera de llamar a un país cuyos
habitantes, para poder irse de viaje, primero tenían que dejarse
fusilar).
Si bien el Mundial lo terminó ganando Alemania
Occidental, en la primera fase de grupos las dos Alemanias se
enfrentaron y ganaron los comunistas por 1 a 0 con gol de Sparwasser.
Los hinchas se volvieron a sus casas tras la Cortina en viejos bondis
custodiados por la Stasi, felices y cantándole a los occidentales:
“Mirá, mirá mirá, sacale una foto, se van en el BM con el culo roto”.
Dicen que los occidentales cantaban: “Bolche, decime qué se siente,
detrás del muro de Berlín”… pero no hay pruebas. Así era el mundo cuando
se fue Perón.
Acá, en la Argentina, se vino la noche. En mi casa también. A mi papá lo echaron de la tele y a mí me cerraron el colegio.
Con
Perón muerto, López Rega y sus muchachos intervinieron todos los
canales de televisión y mi viejo fue inmediatamente prohibido.
También
intervinieron la Universidad de Buenos Aires, decretaron asueto
administrativo y la cerraron hasta fin de año. Por ende, el Pellegrini
que dependía de la UBA, cayó en la volteada.
El interventor que
Isabel y el brujo pusieron en la UBA se llamaba Alberto Ottalagano. Sólo
para tener una idea del personaje, el tipo había escrito un libro que
se llamaba: “Soy fascista, ¿y qué?” La tapa del libro era él mismo
saludando con el brazo derecho extendido. Posta.
Pronto
aparecieron los primeros Falcon verde sin chapa y el país se transformó
en el campo de entrenamiento de lo que estaba por venir. Las bandas
parapoliciales salieron a la calle. ¿Estaban esperando la venia de Perón
o simplemente su muerte? Nunca lo sabremos.
Una preguntita: ¿Por
qué todavía nadie le tocó el timbre a Isabel Perón en Madrid para darle
el diploma por haber inaugurado el terrorismo de Estado en la Argentina?
El 1° de julio de 1974 se fue el General. Y soltaron los lobos.
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http://www.clarin.com/opinion/General-soltaron-lobos_0_1169883036.html