miércoles, 1 de enero de 2014

La Sátira Gráfica y el mal ejemplo de España

La revista entre sicalíptica y política La Traca fue el título satírico más importante de la prensa valenciana. La publicación nació en el siglo XIX y mantuvo su vena satírica y rezongona durante más de cuarenta años, con intermitentes suspensiones debido a su agresividad crítica.

Dicen los que la conocieron que la más importante etapa de su vida editorial fue la que discurrió durante la II República, trufadas sus páginas de mujeres ebúrneas y monjas lujuriosas. El tema erótico fue dejando paso a la propaganda política según se afilaban los sables en los años treinta. La Traca, de hecho, fue una de las revistas más combativas contra Franco y sus aliados durante la guerra civil. Su director y algunos de sus dibujantes fueron fusilados tras la contienda por esta razón.

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La imagen gobierna hoy en día el mundo comunicativo. De tal manera que la prensa, desde hace ya bastantes años, no ha hecho sino correr todo lo deprisa que la tecnología le ha permitido para imitar ese modelo. Así, las noticias que se seleccionan en lugar preferente siempre tendrán una imagen impactante, esto es, provocadora. A su vez, esta imagen irá resaltada con titulares de grueso tipo y, a ser posible, contará con el refuerzo visual del color. El corolario lo pone el director de Le Monde Diplomatique cuando afirma que en el nuevo orden de los media las palabras, o los textos, no valen lo que las imágenes.

La prensa satírica fue, es y será un medio de comunicación que refleje la realidad más inmediata, que la critique y casi siempre la transgreda; un medio fundamentado en el humor pero con unas claves políticas obvias; un periódico que permite al que lo lee identificar de forma muy simplificada las contradicciones políticas que lo envuelven. Al menos así será hasta la dictadura de Franco. Incluso entonces, en algunas de las publicaciones “humorísticas” que aparecen se reconoce abiertamente que, si bien no se hacía ninguna crítica política, al menos sí que se hacía de costumbres y modos sociales.

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Por todo ello, la existencia de prensa satírica está determinada por la coyuntura política en la que se enmarca. El periódico diario, en una situación política restrictiva, puede atemperar sus análisis, copiarlos de otros, puede dar cabida a folletines u otras colaboraciones literarias... Tiene, en definitiva, numerosos recursos para evitar el choque con la legalidad. Sin embargo, el periódico satírico no puede escurrir el sentido de su existencia a fuer de perder la razón de ser. Si no se hace sátira de la realidad, tan sólo se está aportando humor a esa realidad. Y el humor, consciente o subconscientemente, nunca es inocuo.

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La prensa satírica juega un papel fundamental en la historia de la comunicación por varias razones: porque constituye un pilar fundamental de la comunicación popular, porque es un espejo muy especial que refleja la realidad más inmediata y por las importantes reacciones que sus críticas generarán.


LA PRENSA SATÍRICA DESTACA POR LAS REACCIONES QUE PROVOCA

Es decir, la crítica resulta cara. Así lo constata la enorme relación de respuestas que el poder ejerció sobre estas publicaciones. La mayor parte de ellas sufrieron la suspensión gubernativa y sus autores la cárcel, el destierro o la ruina. Aquí y fuera de aquí. El padre de la caricatura francesa, Honoré Daumier, sufrirá pena de cárcel por caricaturizar al rey Luis Felipe de Orleans como Gargantúa.

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En España, los ejemplos mas citados son el asalto a la imprenta del semanario satírico catalán ¡Cu-Cut!, protagonizado por un grupo de oficiales en noviembre de 1905. También el atentado con bomba, el 20 de septiembre de 1977 en la redacción de El Papus, que acabó con la vida del conserje del edificio. Y todos recordamos los más recientes casos de las amenazas de muerte por publicar la caricatura de un Mahoma con turbante en forma de bomba, o el secuestro del número de El Jueves de 18 de julio de 2007 por un supuesto delito de injurias a la Corona al representar a los príncipes de Asturias en una postura sexual explícita.

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La sátira es un ejercicio de expresión que permeabiliza y refresca el ejercicio de las libertades. Acallar a los sátiros, a los disconformes o hasta a los disidentes es un acto reprochable porque significa una tendencia hacia el llamado 'pensamiento único', que en esta época de consensos blandos se halla agazapado pero omnipresente.

Al igual que los jueces deberían revisar sus raseros, tampoco estoy de acuerdo (yo, como opinante defensor del ejercicio de la sátira) con el comunicado de alguna asociación vinculada a la historieta, como Ficomic, que vuelve a centrar su atención en el espinoso asunto de la libertad de expresión, aduciendo que la sentencia "supone un grave precedente que va en contra" de esta libertad. Y no. No es eso. Guilllermo y Manel siguen teniendo libertad de expresión, así como El Jueves, que seguirá satirizando a la casa real y obteniendo beneficio de ello. Para eso están y esta multa no coarta esta libertad. Una cosa es la aplicación del Código Penal ante un hecho que se considera delictivo (para están las leyes, oiga) y otra la consideración de que la expresión jocosa es intocable e indenunciable.

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La cuestión es otra. La reflexión debiera dirigirse no hacia los agravados sino hacia los agraviados. Porque obsérvese que quien planteó la denuncia, en su día, no fue ni el presuntamente ofendido ni la presuntamente humillada. Ni un 'español medio'. Fue otro español, característicamente 'no medio'. Acaso amigo de ciertas alcurnias. Acaso no. Presuntamente todo.

Lo cierto es que en España tienen Majestades presuntamente poco satirizables.

-El secuestro de la publicación fue un atentado, éste sí, retrógrado y ancilar, contra la libertad de expresión en España.

-Los medios de información en general analizaron aquella construcción satírica como una estructura simplista: sólo han visto la caricatura

-Esos mismos, no estimaron la función narrativa o satírica del conjunto, sólo la carga sexual del dibujo y la lubricidad del mismo

-En un Estado de Derecho debería ser el ofendido quien interpusiera la denuncia. Bien el príncipe por su aludida pereza, bien Letizia por su postura y relegación sexual.

-La carga simbólica de la imagen se ha reducido, pues, a lo esquemático, desvelando un problema de ignorancia lectora o interpretativa de este tipo de productos culturales, que sorprendentemente gozan ya de siglos de historia.

-Y la reparación 'moral' se ha cifrado en 3.000 euros.

¿Para restaurar qué?

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